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jueves, 13 de mayo de 2010

Crónica de la primera etapa, mares de arena


Primer día. Primera hora. Un helicóptero nos sobrevuela rasante y concéntrico, como un buitre leonado. Algunos saludan a la cámara de la televisión que asoma por la ventanilla del copiloto. Será el único momento del día en que nos pase sobre las cabezas a los que vamos por la parte trasera de la comitiva. Estamos de suerte. La noticia va delante. Nosotros a lo nuestro, a disfrutar del desierto.

La etapa comienza con nervios, claro. Y con arena. Es la primera vez que Alfonso se interna en un erg. Qué pena vivir la experiencia así, rodeado de gente, con prisas, camino de un punto de control en mitad de las pequeñas dunas. Pero esto es una carrera, al menos para unos cuantos, y hay que guardar las apariencias y apretar los dientes para no ceder metros entre tu rueda delantera y la trasera del que te precede.

Nos esperan unos 100 km de caminos pedregosos y arenosos, con unos 460 metros de desnivel positivo acumulado. Parecía una etapa de transición, un mero trámite, algo que se pudiese cubrir casi sin pestañear. Pero no. En las dunas pasamos casi 50 minutos. Y luego descubrimos que los caminos (totalmente flechados) no eran autopistas de tierra prensada ni eran tan llanos como uno desearía. La Titan Desert es así. En la tele, cuando ves a los Heras & Co. rodando a 35 km/h por caminos polvorientos, te dejas engañar por las apariencias. Estos chicos exprofesionales literalmente vuelan bajo. Parece que el camino no tenga ni piedras ni boquetes, pero en realidad hay un millón de pedrolos por kilómetro cuadrado. A veces, al verlo en la televisión parece que siempre sea llano, o bajada, o que van en una de esas bicicletas eléctricas en las que solo hay que dar 3 o 4 pedaladas y luego ya arranca el motor eléctrico y sales disparado.

El tandem solo vuela en las bajadas. En el llano pide el plato grande, pero en subida se clava al suelo como un asno en huelga. Yo intento ejercer de zanahoria, alentándole a avanzar un poco más, pero es de un terquedad imbatible.

Más allá de las dunas empieza el rodar rápido del tandem. Parece que Alfonso y Serafín están ansiosos por recuperar el tiempo empleado en el arenal y subir un poco la media. En llano debo exprimirme para abrir hueco en el viento lateral durante un par de horas. Luego empieza a dar por detrás. Yo me alegro. Alfonso se queja. “Prefiero el viento de cara porque refresca”, alega. Yo casi me caigo de la bicicleta al oírle. Pero la verdad es que hace un calor...

Los llanos se suceden pero quedan rotos por oueds pedregosos y arenales sorpresa que sacan de quicio a quien no haya pedaleado nunca por el desierto. “Así no hay manera de avanzar”, se desespera Alfonso, que tiene los ojos llenos de una mezcla de sudor, crema solar y lágrimas del escozor.

De vez en cuando les pregunto qué tal va el tandem. De vez en cuando me responden sinceramente, pero casi siempre mienten: “Bueno... Va bien, excepto cuando nos quedamos clavados en la arena y las calas no salen...”. Ya se han caído varias veces. Yo intento marcarles pasos ideales cuando el camino está impracticable, pero no siempre acierto. Casi siempre se levantan con paciencia, se dan ánimos el uno al otro y vuelven a montar. Otras veces explota la rabia que llevan dentro. Suerte que son buena gente y, sobre todo, buenos amigos.

El punto de inflexión tiene lugar poco después, cuando rodamos en paralelo. De repente, Alfonso se detiene gritando agitadísimo: “¡Ya está! ¡He perdido el pedal!”. Es lo que temíamos desde hacía horas. Al roscar los pedales del revés existe el riesgo de que se aflojen durante el pedaleo y acaben saliéndose.


En la foto, el pedal cuando se rompió poco más tarde, a 30 km de la línea de meta

Alfonso frena de golpe, se baja de la bicicleta maldiciendo y sale caminando de espaldas a nosotros, canalizando su enfado e impotencia, agitando los brazos, encorvado, mirando hacia el suelo y haciendo aspavientos como un espantapájaros.

Yo le miro boquiabierto y mi primer pensamiento es: “¿Dónde va? ¿Se vuelve a casa?”. Solo entiendo lo que pasa cuando se detiene, se gira y suelta: “¡Pues no lo encuentro!”. Y Serafín le contesta: “¡Cómo no lo vas a encontrar! Si el pedal es algo enorme y se te ha caído hace nada...”.

No puedo contener una carcajada. Alfonso se gira y me escruta descompuesto en busca de una respuesta a mi ataque de risa. Seguro que a él no le hace ni puñetera gracia, pero es que el pedal en sí lo lleva clavado en el pie, con eje y todo. Él no lo nota porque el terreno por el que anda es tan arenoso que se hunde bajo sus pasos. Al final nos reímos todos.

Reparada la avería y recuperados de los nervios, reemprendemos la marcha.



La etapa es un trámite, sí, pero menudo trámite. No pasa ni una brizna de aire. Es la calma chicha total de mediodía. Nos quedan solo 35 kilómetros. El camino parece mejorar, pero restan unos metros de ascensión al punto más alto de la etapa. Luego todo será bajada, que se nos antoja rápida, rapidísima. Ya soñamos con llegar al campamento, comer algo, beber algo fresquito, ponernos a la sombra con las piernas en alto...

Entonces ocurre un nuevo incidente. “El pedal otra vez”, grita Alfonso. Esta vez no se baja de la bici a buscarlo. Está clavado al zapato, pero esta vez es distinto. No se ha aflojado la rosca. Se ha partido la unión entre el pedal y su eje. Lo intentamos roscar, pero no es posible. “Joer qué fuerte pedaleáis, chicos, no había visto romperse un pedal nuevo en tan pocos kilómetros...”.

No se me ocurre nada mejor, así que habrá que pedirle a Alfonso que pedalee apoyando el pie sobre el eje desnudo, tal y como hacen muchos niños que van en bicicleta por los pueblos del Atlas.

Pese a las dificultades, avanzamos con los dedos cruzados para que no se rompa nada más y para que nadie se haga daño. Hay que llegar a meta como sea. Lo conseguimos a las 8 horas de la salida, exactamente a las 3 de la tarde. Los más rápidos nos han sacado varias horas, pero no perdemos el sentido del humor y sostenemos que “hemos llegado a la hora de los señores, cuando la mesa ya está servida”.


En la foto, Raúl Hernández de Doctore Bike con las manos en la masa y Peio Ruíz Cabestany supervisando atento el transplante de bielas del tandem.

Lo malo va a ser esta tarde, pues el tandem necesita pasar por quirófano y Ernesto no está hoy de guardia. Habrá que ir al hospital de pago. Por suerte, Raúl, de Doctore Bike, se apiada de nosotros y nos monta unas bielas, eje de pedalier y pedales nuevos en un periquete. Peio Ruíz Cabestany también aporta su granito de arena: mientras Raúl aprieta tornillos con las manos llenas de grasa, el de San Sebastián acaricia el manillar del tandem, como el enfermero que acompaña al herido tras una batalla. Está claro que somos un equipo. Cada día más numeroso.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El día antes del primer día, primer calvario

Sin duda lo más duro de un viaje en bicicleta son los preparativos. Luego pedalear es un placer constante, pero hacer y pensar la maleta es verdaderamente durísimo. Y no digamos todo lo que implica meter la bici en un avión: sacarle las ruedas, girarle el manillar, quitarle los pedales, rezar, calcular el volumen que va a ocupar, volver a rezar, recalcular el espacio y calzarla finalmente en una caja de cartón minúscula, a punto de reventar, y sellarla con un kilómetro de cinta adhesiva como si fuera una momia egipcia... Y luego a seguir rezando para que llegue con vida tras el vuelo, para que al aterrizar quede algún radio entero, que la patilla del cambio no se haya doblado, que el cassette de los piñones no haya escarificado la pintura del cuadro y que todo vuelva a encajar una vez fuera de la caja...

La otra parte dura es aterrizar en un país en una latitud distinta, con una temperatura dramáticamente distinta a la del lugar de procedencia, y pensar que al día siguiente tienes que dar el callo sobre la bicicleta sin tiempo humano para acostumbrarte a ese sofoco que empieza en cuando el sol asoma tras el horizonte.

Así es la Titan Desert el primer día. El día que madrugas tanto que la víspera, siendo optimista, en vez de cenar, imaginas que meriendas, y después te vas a la cama pensando que en vez de dormir poquísimo vas a echarte una siesta larga. El día que despegas de El Prat y aterrizas en Er Rachidia, por ejemplo, en un aeropuerto que parece construido en mitad de Marte, sobre una pista blanquecina que te ciega nada más abrirse la compuerta del avión. Y exclamas satisfecho: “Pues no hace tanto calor como creía que iba a hacer”. Y alguien arremete con voz de experiencia: “Es que son las ocho de la mañana. Espérate un par de horitas a ver qué me dices entonces”.

Así es nuestra llegada a Marruecos. Luego superamos una larga fila para sellar el pasaporte y un transfer a Erfoud, hasta un hotel de esos con piscina, tumbonas, sombrillas, atentos camareros, simpáticas encargadas de limpiar las habitaciones, camas dobles, restaurante con buffet libre de horario interminable, alfombras por todas partes, lámparas humeantes de incienso en el baño y un calor insoportable dentro de nuestra habitación, en la que el aparato de aire acondicionado es plenamente capaz de hacer ruido, que varía ligeramente según el botón que apretemos del mando a distancia, pero ni enfría ni da aire ni acondiciona.

El lugar es genial, pero nosotros no hemos venido a descansar precisamente. Tenemos que sacar las bicis de las cajas, ponerles un dorsal de plástico y un chip que merece una fianza de 100 euros (“como lo perdamos ¡qué disgusto, por no decir qué p...!”), probarlas, ajustarlas... “Primero vamos a comer. Luego nos ponemos con las bicis”, resolvemos de mutuo acuerdo.

Después del banquete, aunque da una pereza terrible y la piscina nos tienta, decidimos pasarnos la tarde montando las bicis. Empezamos a las cuatro, cuando el sol y los listos están haciendo la siesta. El proceso ha de pasar rápido. A lo sumo exigirá una hora de trabajos manuales bajo el espléndido Lorenzo, pero topamos muy pronto con un pequeño dilema técnico-teórico: a simple vista, las roscas de tres de las bielas del tandem parecen describir una espiral extraña, invertida. Atónitos intentamos comprender si existe una solución. Evidentemente, con cara de repoker, tardamos pocos segundos en comprender que no la encontraremos solos y vamos a buscar ayuda.

La ayuda la necesitamos incluso para explicar lo que sucede con las roscas de las bielas, pero a medida que vamos de un mecánico a otro perfeccionamos el discurso, que parece más surrealista que un cuento de Cortázar, y cada vez perdemos menos tiempo delante de cada uno de los mecánicos. Todos ellos, muy dispuestos a echar una mano a los “locos del tandem”, nos escuchan atentos, pero su expresión es la misma que si le planteáramos a George Bush la conjetura de Poncairé. Está claro que el mundo del tandem no está de moda.

Nadie sabe ayudarnos. Y como no tenemos el teléfono móvil de Grigori Perelmán para que nos cuente cómo solucionó el problema matemático más difícil de la historia, pues acudimos a Ernesto Romero, un mecánico de motos que tiene un taller en la Barceloneta y que es todo altruismo y además de conocimientos posee herramientas muy raras y encima sabe utilizarlas. Total: un chollo de hombre. El año que viene lo incluiremos en el equipo.

Nada más ponerse los guantes de faena, Ernesto, a partir de ahora el “cirujano”, se percata de algo que nos ha pasado desapercibido: parece ser que la super mano de Alfonso, que es más fuerte que un gorila de lomo plateado, guiada por la costumbre de roscar los pedales en el sentido lógico y normal, ha pasado las primeras dos vueltas de la rosca de la biela izquierda delantera. Por eso no entra ni para un lado ni para el otro.

En ese momento el pobre de Ernesto no sabe dónde se ha metido, pero ya es demasiado tarde. Lo hemos fichado por un módico precio: cero euros, lo que equivale a cero “titanitos” (la moneda oficial de la Titan Desert, no es broma). Por este motivo decidimos intentar abusar de él y de sus energías lo mínimo posible.

Pese a ello, Ernesto se pasa una hora atornillando a contrarosca el pedal, creando un nuevo paso a base de esfuerzo y pericia. Uff, uff, uff... Suda, respira con fuerza, sigue sudando... Uff... Y nosotros allí plantados de pie, mirando impotentes, avergonzados, inútiles, con cara de niñatos que no saben hacer la o con un canuto, pensando culpables en lo bien que estaría Ernesto en la piscina del hotel en vez de acuclillado bajo el tandem...

El problema no termina al redibujar la rosca de aquella biela. De las otras tres, dos se atornillan también del revés, con lo que los pedales, tipo Shimano SPD, quedan al revés. “Estos pedales no son reversibles. Tienen delante y detrás”, apunta Ernesto. “Los Look y los Crack Brothers no os darían este problema”, continúa. Al ver que ponemos cara de turista japonés estafado por un trilero en las Ramblas, el pobre está a punto de darnos por imposibles, pero enseguida propone un nuevo plan. Ernesto es como Hannibal Smith, el equipo A. “No hay otra solución que girar 180 grados los enganches de las zapatillas”, concluye. En vez de calar pisando primero con la parte anterior del pie y luego con la trasera, Alfonso y Serafín deberán acostumbrarse a hacerlo al revés. Ideal: el primer día en la Titan Desert, con bici nueva y los pedales del revés. La otra opción es ir hasta el pueblo y comprar unos pedales normales, de esos que llevan las bicicletas de los críos.

Pese al contratiempo, a la hora de la cena ya estamos más tranquilos. Nos ha llevado 6 horas montar 4 pedales y poner los sillines y los manillares a la altura. Con el lío, hemos olvidado comprobar la presión de los neumáticos y de las amortiguaciones del tandem. Josu Garai, enviado especial del diario Marca, nos pilla a las 11 de la noche dando vueltas por los boxes, alumbrados por una linterna, dando voces y lanzando improperios al hiperespacio al constatar lo difícil que es calar y descalar los pedales con las calas del revés.

“Esto es imposible”, grita Alfonso. “Pues a mi no me va tan mal”, contesta Serafín. “Pues a mi fatal”, arremete el primero. “Pues habrá que intentarlo”, responde Serafín. Y se hace el silencio bajo un cielo cubierto de estrellas y empezamos a roncar a tres bandas. Mi último pensamiento del día es: “Cómo odio que el despertador del teléfono móvil te diga lo que te falta para que suene la alarma cuando la estás programando... Cuatro horas y dos minutos...”.

***Mañana, la crónica de la primera etapa...

domingo, 9 de mayo de 2010

Nota de prensa final TITAN DESERT 2010

El equipo El Camino de los Satélites de la Fundación Tecnología Social completa en tandem la Titan Desert más dura de la historia

Serafín Zubiri ha capitaneado el único tandem participante en la edición del 2010, consiguiendo una nueva victoria moral al terminar el recorrido pese a la dureza de las dos etapas de montaña de que constaba el itinerario


En su quinta edición la Titan Desert se ha superado a sí misma. Si ya antes se la consideraba como una de las carreras ciclistas de aventura más exigentes del calendario, en 2010 ha subido varios puestos en el ranking. Ha constado de nada menos que 475 kilómetros en los que los ciclistas debían pedalear en solo cinco días, por sus propios medios y sin equipos de asistencia, a través del desierto del Sáhara, en el sur de Marruecos. La novedad de esta edición ha sido el papel preponderante de la montaña, pues la carrera ha superado las remotas montañas del sur del Atlas, a los que se accede únicamente por tortuosos caminos que superan los 2.200 metros de altitud.

Dunas y pedregales
Tras dos primeras etapas por zonas de dunas y pedregales que sumaron 205 kilómetros, el tercer día de carrera empezaba el verdadero reto para el equipo El Camino de los Satélites, de la Fundación Tecnología Social. Los puertos de montaña de esta zona del Atlas tienen pendientes del 15 al 20%, con un firme pedregoso e irregular que hace especialmente difícil circular en tandem. Pese a las dificultades, Serafín Zubiri, Alfonso Darias (piloto del tandem) y Sergio Fernández (guía y orientador en bicicleta normal) mantuvieron un ritmo regular desde el primer kilómetro con la intención de completar el recorrido en el tiempo máximo establecido por el reglamento.

El tandem también va a la montaña
La etapa de montaña constaba de 235 km y estaba dividida en dos sectores. El primero era de 101 kilómetros y más de 1.800 metros de desnivel positivo. El tiempo límite eran 10 horas. La ascensión se alargó durante los primeros 70 km de etapa, hasta alcanzar los 2.200 metros de altitud. A partir de ahí, el cronómetro obligó a Alfonso Darias a afrontar el vertiginoso descenso a toda velocidad, superando a numerosos participantes y entrando en meta dentro del plazo previsto con un margen de 20 minutos.

Entre los dos sectores de la etapa maratón todos los participantes pasaron la noche en un precario campamento en mitad de un altiplano, a 1.700 metros de altura, durmiendo en una gran haima con los sacos de dormir que ellos mismos habían cargado en sus mochilas durante todo el trayecto.

Segundas partes...
A la mañana siguiente empezaba la segunda parte de la super etapa. Por delante quedaban otros 135 kilómetros con otros dos puertos de montaña, además de un descenso final con sorpresa a través de un río que los participantes tuvieron que vadear una docena de veces en el que era imposible recuperar el tiempo perdido durante la interminable ascensión. La misión parecía imposible para un tandem, pero el equipo El Camino de los Satélites no dio el brazo a torcer en ningún momento.

“Fuimos dentro de tiempo hasta que llegamos al río pese a que no podíamos usar el plato grande en las bajadas en toda la etapa”, declaraba Serafín Zubiri al llegar a meta, justo cuando el sol se ponía. Habían pasado doce horas luchando, pedaleando codo con codo, pero una avería en el plato y una desgraciada rotura de la cadena de la bicicleta les retrasó los diez minutos en el horario fijado por la organización para entrar en meta. Al pasar bajo el arco de llegada, exhaustos, recibieron una calurosa ovación de varios minutos por parte del resto de participantes.

Al día siguiente solo restaba una breve etapa de 65 km hasta Ouarzazate con pocos desniveles. Al llegar a meta final, el quinto día de carrera, Serafín Zubiri declaraba satisfecho haber alcanzado el objetivo: “Hemos demostrado una vez más que la voluntad no tiene límites. Este año hemos sufrido muchísimas averías mecánicas, desde el primer día, que rompimos un pedal y tuvimos que pedalear 30 kilómetros a través de caminos arenosos casi sin poder apoyarnos, hasta el último día, en que solo podíamos utilizar el plato pequeño de la bici, incluso en las bajadas. Todas estas dificultades nos han exigido dar lo mejor de nosotros, trabajar en equipo constantemente y, sobre todo, no rendirnos nunca”.

Por su parte, Alfonso Darias, piloto del tandem, se declaraba “enormemente satisfecho de lo conseguido, pero sobre todo contento de poder haber compartido esta aventura con el resto del equipo”.

Sergio Fernández, que en 2009 participó también en tandem junto a Serafín Zubiri en esta misma carrera, en 2010 se ha encargado de la navegación del equipo. En la meta final declaraba: “Ha sido un placer y un honor compartir estos días y esta aventura con Serafín y Alfonso. Hemos vivido como un equipo y hemos superado todas las dificultades juntos. Y pese a las dificultades, hemos llegado a meta muy felices por la experiencia”.



El equipo El Camino de los Satélites está profundamente agradecido a todos los que han creído en el proyecto, depositando su confianza en la fuerza y el espíritu del equipo tandem, por el apoyo de la Fundación Tecnología Social y de diversas empresas vinculadas al mundo del deporte en general y el ciclismo en particular, como MSC Bikes (tandem), BEST (ropa de ciclismo personalizada), Power Bar (alimentación deportiva), On Fitness Center (centro deportivo en Pamplona), DiR (centros deportivos en Barcelona), TwoNav CompeGPS (tecnología para orientarse) y Maxxis (neumáticos).


Para más información, fotografías y crónicas de las etapas:

www.conunparderuedas.com

http://blogs.menshealth.es/titan-desert

domingo, 10 de mayo de 2009

Titanes

Ya volvimos de la Titan Desert 2009. De eso hace ya una semana, pero he estado lejos del ordenador hasta hoy. Los dedos han perdido agilidad para teclear y mis piernas unos cuantos gramos de grasa. Nada más llegar de Marruecos tuve que irme al Alt Empordà con el Sebi, que se ha vuelto a apuntar a una de las grandes. Esta vez ha sido Raids al Vent, que nos ha tenido cinco días dando vueltas por toda clase de terrenos en el Alt Empordà, a los pies del Canigó y cruzando varios parques naturales. De todo ello haremos un reportaje para la revista Solo Bici de junio, donde imagino que también aparecerá alguna mención al primer tandem que completa la Titan Desert: nuestro MSC Zion (bueno, nuestro no es, sólo era de préstamo) y a los que pedaleamos pierna con pierna los casi 500 km de la edición de este año de la que dicen que es "la carrera ciclista más dura del mundo", apunte que me parece ligeramente aventurado, hasta sensacionalista, con perdón, aunque hay que reconocer que dureza al recorrido no le falta.

Como breve avance, suscribo lo que ya sabíamos: la cuarta edición de la Titan Desert iba a ser la más dura de todas las celebradas. Hubo menos abandonos que el año pasado porque ha hecho menos calor que el año pasado y también porque la gente (o la inmensa mayoría) ya sabía a lo que venía. Nosotros también. Sabíamos que teníamos que llegar "frescos" a la prueba de fuego del cuarto día, que tenía tres puertos de montaña (ya sabéis lo dura que es cualquier subidita en un tandem). Seguimos nuestra propia estrategia, pues el objetivo era acabar dentro del plazo fijado por la organización. Y lo conseguimos.

El éxito fue fruto del esfuerzo de esos días, pero también de una larga trayectoria deportiva y una dedicación muy laboriosa. Serafín se entrena a diario desde hace años. Además, su fuerza mental está a la altura de las estrellas. Y su fuerza física es soberbia. Pedaleamos a bloque en todo momento. Sólo descansábamos en las bajadas, que en algunas etapas eran inexistentes. Y cuando le pedía un poco de potencia extra para superar un oued sin quedarnos clavados en la arena, Serafín derrochaba energía y entrega. Sus piernas se convertían en pistones hercúleos que lanzaban el tandem hacia delante, propulsándonos sobre los mares de piedras.

>> Video en Antena 3 TV Noticias "A fondo"

Fotos: arriba, pedalenado en la primera etapa a través de una hamada salpicada de pequeñas dunas (foto de la organización); abajo, entrega de premios del último día, reconocimiento especial al primer tandem que completa la Titan Desert (foto de Ramón Aranda, finisher de las 4 ediciones celebradas hasta la fecha).

martes, 7 de abril de 2009

Ropa equipo AC Hotels


Qué monos vamos a ir :-)

Titan Desert 2009: vuelta a la arena

Ya es oficial y definitivo: ¡¡volvemos a la Titan Desert!! Vamos otra vez con el tandem MSC Zion pero con nuevo equipo: esta vez quien confiará "ciegamente" en mis aptitudes como piloto y en mi capacidad para orientarme en el desierto será el archiconocido artista (cantante, pianista, bailarín, actor y lo que le echen) y multideportista Serafín Zubiri, a quien le encanta pedalear y es un fanático de los retos (ya subió el Aconcagua, el Montblanc y el Kilimanjaro, entre otras gestas).

Sobre nuestra participación en la Titan Desert ha abierto un blog la revista Men's Health, que también publicará un reportaje de 4 páginas a nuestro regreso de Marruecos. Ahora la cuestión es: al acabar la prueba (de lo que estamos plenamente convencidos) y convertirnos oficialmente en 'Titanes', ¿seremos diferentes a lo que somos ahora?

El blog de nuestro equipo a partir de ahora Pincha aquí

La página sobre nuestro equipo en conunparderuedas.com Pincha aquí

jueves, 5 de marzo de 2009

En tandem en el Open Natura

El sábado a las 22.30 h., charla sobre los 7 desiertos en El Vendrell, Tarragona. Si hay quorum, pondremos el documental entero de 52 minutos.

+ info en http://www.opennatura.com/

Y el domingo, pedalada popular (39 km) con el tandem de Zen Bikes, un MSC Zion, auténtica joya con la que el año pasado estuvimos Joaquín y yo en la Titan Desert y este año, si aparece algún patrocinador volveremos pero con un deportista muy popular que ha demostrado que no sabe lo que es la palabra fracaso.
FOTO>> El copiloto de la foto (gentileza de Jordi Sandor) no es Joaquin. Es una niña marroquí que quería ir a dar una vuelta en el tandem. Aunque iba descalza, parecía capaz de cruzar el Sáhara sin problema.

viernes, 27 de febrero de 2009

7 desiertos en Open Natura Vendrell Festival

Tras pasar la tarde imitando a los garbanzos, entre burbujas de aire subacuáticas (léase las piscinitas de agua caliente en Caldea) gentileza irrefutable de Ramon (gràcies company!), la charla del miércoles por la noche en la biblioteca de La Massana fue un éxito tanto por la masiva asistencia como por las buenas sensaciones que implica compartir con tanta gente la pasión por el desierto y los retos deportivos al aire libre.

El sábado 7 de marzo a las 22,30 volvemos con más charlas en El Vendrell, dentro del fin de semana de mountain bike organizado por Open Natura (hay un montón de actividades programadas). La conferencia será sobre mis viajes por los 7 desiertos. El domingo, por supuesto, "pedalada popular"!!! Nos vemos en los caminos!!!




lunes, 23 de febrero de 2009

Charla en Andorra sobre la TITAN DESERT


¿Por qué nos marcamos retos?

El miércoles a las 22 horas en la Biblioteca Comunal de la Massana, en Andorra.

Mi amigo Ramón Aranda hablará y enseñara sus fotos de las tres ediciones que ya lleva disputadas (y completadas) en la Titan Desert. Yo, de mi participación el año pasado junto a Joaquín Sánchez, de la Línea de la Concepción, en tandem de montaña.


martes, 1 de julio de 2008

Video Tandem Titan Desert 2008

Desfondando a Mauri (mira el video y verás de lo que somos capaces) ;oP

ver video

miércoles, 21 de mayo de 2008

III TITAN DESERT 2008


“Libertad, sobre todo libertad”

Intento imaginar lo que pasa por la mente de Joaquín en estos momentos. Cierro los ojos y camino como él, descalzo, sobre la finísima arena del erg Chebbi. Aquí no hay barreras arquitectónicas de ninguna clase. Sólo montañas de arena móviles en perfecto equilibrio. En mitad del vendaval, le pregunto qué es lo que siente y me responde con un reconfortante “sobre todo, libertad”, a lo que luego añade: “Este paseo por las dunas hace que todo el esfuerzo haya merecido la pena”.

Así empezará, probablemente, el capítulo del libro que estoy haciendo ahora mismo. Acompañar a Joaquín estos días por el Sáhara ha sido una experiencia increíble. Para saber más sobre nuestra experiencia haz click aquí
>>> En la foto de arriba, cortesía de Jordi Sandor, de paseo con una joven que le tomó el asiento prestado a Joaquín. Su nombre: Fátima.